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Reflexiones al final de 2012
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El mundo no es como es; es como lo construimos entre todos“.

Termina el 2012 y como suele ser habitual, muchas personas comienzan a mirar atrás para repasar los acontecimientos, las pérdidas, los logros, el recorrido del año que se despide; ha sido un año muy complicado desde diversas perspectivas, tanto individuales como sociales, en el que muchas personas han tenido que adaptarse a nuevas situaciones complejas, que han transformado nuestra realidad y han provocado que muchas personas hayan tenido mayor sensación de agotamiento emocional.

Habitualmente el final de año suele ser una época emocionalmente compleja para muchas personas, puesto que revisan lo que han avanzado en sus objetivos vitales, porque también recuerdan todo lo que no han podido conseguir, a quienes ya no están presentes en sus vidas, conectándoles con las pérdidas con mayor facilidad. Si a eso le sumamos la sensación de indefensión aprendida generalizada que se percibe en la sociedad, tenemos un final de año especialmente difícil de digerir para muchos.

La palabra crisis ha cobrado un significado nuevo, poderoso, entre las personas que formamos parte de esta sociedad, puesto que el peso emocional que ha llegado a alcanzar la misma supone un lastre para un importante número de personas, que sienten una punzada de dolor, una cuota añadida de ansiedad, cuando alguien la pronuncia. Las reacciones ante la nueva realidad han sido de todo tipo, todas comprensibles desde ese punto de vista. Hay quien ha optado por recluirse en círculos de absoluta confianza, ha apagado la TV, la radio y ha limitado el uso de internet, como solución al aluvión de noticias desagradables relacionadas con la crisis, con cualquier crisis. Otros han optado por intentar mirar a otro lado, por cerrar los ojos ante una realidad que creen que no pueden cambiar.

Y aquí está la palabra clave: CAMBIO. Si algo nos ha sucedido durante 2012 a todos y cada uno es que nos hemos visto forzados a elegir el cambio; y los cambios no resultan fáciles, especialmente cuando no los deseamos. Somos animales de hábitos y nos mostramos resistentes al cambio, nos cuesta asumir que el cambio forma parte permanente de la vida, incluso cuando no somos conscientes de ellos. Puede que algunos cambios no nos gusten, especialmente los que nos parecen impuestos por otras personas, pero no hemos de subestimar la capacidad que tenemos para adaptarnos a esos cambios, para posicionarnos ante los mismos y para provocar, porqué no, otros cambios en nosotros mismos.

Desde la perspectiva de la indefensión aprendida, como apuntaba anteriormente, no estamos capacitados para asimilar los cambios que están sucediendo, para gestionar las emociones intensas que experimentamos ante esa nueva realidad que no termina de gustarnos. Y en esas condiciones echamos la vista atrás para conectarnos con lo que fue y ya parece que nunca será, para recordar tiempos mejores, para recapitular lo mal que ha ido el año para nuestros intereses, para los de todos. Evidentemente, esta perspectiva del tiempo pasado, no hace sino empeorar las cosas. Si algo caracteriza la indefensión aprendida, más allá de los estados emocionales negativos que genera, es la inacción. Si solamente conectamos con lo que ha ido mal en el pasado, con lo que no hemos logrado alcanzar, con lo que no tenemos, con lo que no regresará, haremos un uso de nuestros recuerdos limitado y que nos condenará a experimentar emociones negativas de tristeza, ira, desamparo y, porqué no, indefensión.

Philip G. Zimbardo, psicólogo social y profesor de la Universidad de Stanford, nos recomienda adoptar conscientemente una perspectiva saludable del tiempo, con el objetivo de minimizar el impacto de la sensación de indefensión aprendida, de la inacción, de los recuerdos negativos que nos impiden equilibrar el balance del año 2012. A esa perspectiva saludable, Zimbardo la llama “Past Positive”, y consiste en conectar con los recuerdos positivos que se tienen sobre un periodo… o sobre toda tu vida. ¿Significa esto que hemos de “olvidar” lo negativo? No, ni mucho menos.

¿Qué entendemos por perspectiva saludable del tiempo? Hablamos de buscar un equilibrio en nuestras percepciones para facilitar la conexión con los recuerdos sobre lo positivo que ha tenido el año para nosotros. Desde la Psicología Positiva nos esforzamos por crear rutinas y hábitos que van en esta misma dirección, la de conectar con los hechos positivos que hemos experimentado, vivenciado, de manera que facilitemos también la aparición de emociones positivas respecto a nuestro pasado reciente y remoto.

Una de las tareas más recomendadas por Martin Seligman es precisamente el Diario de Acontecimientos Positivos, que él recomienda llevar al menos durante 6 meses para observar buenos resultados. Consiste en anotar, antes de ir a dormir, 3 acontecimientos positivos del día y sus causas. Llevar un diario de este tipo puede facilitarnos el cambio de perspectiva temporal, al tiempo que equillibra el natural sesgo de algunas personas a percibir mucho más claramente lo negativo en su entorno. Llevar este diario nos confronta con una creencia muy extendida: la felicidad, la alegría y el bienestar han de ser “fáciles”, sin esfuerzo. Sin embargo, si algo hemos podido constatar quienes trabajamos desde la Psicología Positiva es precisamente que hay que esforzarse por crear determinados hábitos (acciones) que generen en nosotros emociones positivas, sentido y satisfacción con la vida, así como relaciones positivas. No podemos pretender conseguir resultados distintos haciendo siempre lo mismo.

A la hora de hacer balance del año, no podemos dejar fuera todas esas experiencias positivas que hemos tenido, todas las relaciones que nos nutren, que nos alimentan emocionalmente; no hemos de dejar fuera las risas compartidas, los abrazos, los cruces amables con desconocidos, los objetivos compartidos, los proyectos soñados, realizados, conseguidos y celebrados; no hemos de dejar fuera del balance los viajes realizados, los sabores experimentados, los placeres descubiertos… Y tampoco hemos de dejar fuera de nuestro balance los recuerdos positivos de quienes ya no estarán más, porque fueron importantes para nosotros y el tiempo que compartimos fue significativo. Mirar a otro lado, conectar solo con el hecho de que ya no nos acompañan más, es sesgar su recuerdo. Este año nos dejó, entre otros, uno de los padres de la Psicología Positiva, Christopher Peterson; quedándonos solamente con el dolor de la pérdida no honraríamos a alguien de quien aprendimos tanto. Chris se esforzó por hacernos comprender que uno de los pilares del bienestar son, precisamente, “los demás“, nuestras relaciones, nuestros vínculos, y que quizá por eso nuestro bienestar pase por ser más generosos, más altruistas, más colaboradores, más amables y agradecidos.

Si algo hemos podido constatar este 2012 que termina es que a pesar de la adversidad, tenemos la capacidad para reinventarnos, para reconstruirnos. Somos resilientes. A pesar de la adversidad, de la indefensión, muchas personas hemos decidido seguir apostando por las personas, implicarnos activamente en la ayuda a otros, hemos decidido apoyarnos en nuestros vínculos, para construir nuevos proyectos, nuevas posibilidades, nuevas soluciones. No es únicamente una cuestión individual, sino más bien social, comunitaria, la que explica la resiliencia. Hemos de trabajar para construir una cultura de resiliencia, facilitando la gestión de emociones negativas y potenciando las emociones positivas, creando entre todos oportunidades de conferir sentido al camino que recorremos en nuestras vidas, y facilitando la potenciación de relaciones positivas, creativas y nutritivas.

Cerramos el año 2012, es el momento de conectar con lo que ha sucedido. Te propongo una tarea, para ayudarte a cerrar el año, y facilitar la conexión con los aprendizajes, los aspectos positivos y de crecimiento que ha tenido. Se trata de que escribas en una hoja lo siguiente:

  • ¿Cuál fue el momento de mayor alegría y felicidad del año?
  • ¿Cuál ha sido el logro que ha creado mayor satisfacción para ti?
  • ¿Quiénes han sido las personas más significativas para ti durante este año? ¿Qué te gustaría agradecerles?
  • De cara al próximo año, ¿qué propósitos y desafíos te propones?

 Cuando conectamos con los detalles que han acontecido durante el año y que nos han generado momentos positivos, somos capaces de equilibrar el balance de impresiones sobre el año que termina. Es importante saber que, aunque los acontecimientos negativos existan, incluso cuando son valorados como “catastróficos”, también podemos recurrir a nuestros recuerdos positivos, a los acontecimientos que nos han proporcionado emociones positivas, felicidad y bienestar. Solo a través del equilibrio entre la aceptación y gestión de lo negativo y la consciencia y potenciación de lo positivo, lograremos medir el impacto real de nuestras acciones acometidas, el ajuste del plan que hemos de realizar de cara al siguiente año, así como aquello que deseamos repetir y mejorar. ¡Feliz 2013!

Tony Corredera

Director de Crecimiento Positivo

Sobre el autor

2 comentarios sobre "Reflexiones al final de 2012"

Francis Brosnan - 10 enero 2013

Me ha gustado mucho tu artículo, fundamentalmente porque me has hecho ser consciente de que no me ha sido sencillo responder con certeza las preguntas de tu ejercicio. Si no soy capaz de recordad con nitidez los elementos positivos del año pasado, ¿cómo voy a tener una visión realista de lo que ha ocurrido? Cláramente hay que llevar un diario de acontecimientos positivos para que seamos más conscientes de lo que conseguimos, de lo que tenemos y de nuestras posibilidades. Así, podremos construir una percepción más positiva y podremos afrontar mejor lo más importante: lo que está por venir.

    admin - 29 enero 2013

    Gracias por tu comentario, Francis, es un placer leer que lo que escribimos en el Blog resulta interesante y ayuda a repensar algunos conceptos. Espero que si pones en práctica el Diario Positivo, te animes a contarnos también sus beneficios.