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Placeres y Gratificaciones
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En la búsqueda de la felicidad, los seres humanos encontramos lugares donde explorar nuestras necesidades y acercarnos un poco más a aquello que realmente deseamos.

La felicidad se ha convertido en un objetivo relativamente novedoso para las personas. Hace tan solo dos o tres generaciones, los objetivos de nuestros padres y abuelos eran bien diferentes, puesto que la misma supervivencia biológica era la única prioridad, dadas las circunstancias sociales y culturales del momento. Ahora mismo, y siguiendo la lógica de la pirámide de Maslow, estando garantizados los peldaños más básicos, hemos llegado a la generación de una nueva necesidad: la felicidad.

Es esta búsqueda un camino individual como ningún otro, aunque muchos se empeñen en señalar caminos únicos.  ¿Dónde está la felicidad para cada uno de nosotr@s? Y aún más importante, ¿es la felicidad el objetivo último al que queremos dirigirnos? Lejos de intentar indicar qué es más adecuado, pretendemos reflexionar sobre el modo en el que podemos experimentar una sensación de bienestar que deseemos mantener en el tiempo.

Nuestra sociedad parece empeñada en perseguir la felicidad basándose en la estimulación del placer asociado a los sentidos, pero a pesar de lo poderosos que son los placeres, podemos constatar que felicidad y placer no hacen referencia a lo mismo. El placer, entendido como el resultado de la estimulación sensorial positiva, nos puede aportar bienestar y relajación, aunque la duración de estas sensaciones es corta.  Comer chocolate, recibir un masaje, experimentar un orgasmo, etc., son ejemplos de sensaciones placenteras cuya duración es más o menos corta.

Por otro lado, diversos experimentos han demostrado que el aumento de las estimulaciones asociadas al placer no conllevan un aumento del mismo. De hecho, experimentos con ratas demostraron que la estimulación de áreas cerebrales situadas en el hipocampo tenían un resultado tan poderoso, que estos animales preferían esta estimulación a la satisfacción de necesidades básicas, como alimentarse, con lo que algunas de ellas llegaron a morir.

Por ejemplo, la sensación de placer que obtenemos al ingerir una onza de chocolate no es tan intensa como la que tenemos al ingerir una segunda onza, y así sucesivamente; por más chocolate que comamos, la intensidad del placer ya no es el mismo, al menos hasta que pasa un tiempo.

El placer sensorial tiene una enorme influencia en nosotros y, si bien es necesario y deseable cultivar el placer, también es cierto que si seguimos asociando directamente placer y felicidad, corremos el riesgo de construir una sociedad basada en lo inmediato, en la búsqueda de esa sensación que me procure bienestar de modo sencillo y directo. Por supuesto, el placer que experimentamos a través de nuestros sentidos está muy asociado al consumo de agentes externos, es decir, que está fundamentalmente provocado por el “afuera”.

La Psicología Positiva trata de estudiar la felicidad de forma más amplia, tratando de encontrar un modelo a partir del cual las personas puedan encontrar su propia felicidad de un modo más duradero, asociado a sus propias fortalezas personales, generando de este modo un aumento del locus de control interno. Una Fortaleza, según Alex P. Linley, es “una capacidad preexistente para un modo particular de comportamiento, pensamiento o sentimiento, que es auténtico y estimula al sujeto, y permite el funcionamiento óptimo, el desarrollo y la ejecución”.

Mihalyi Cskzentmihalyi, uno de los principales estudiosos de este ámbito, propone que hay ciertas actividades en las que experimentamos una sensación subjetiva de felicidad, una gratificación, que  resulta más duradera y fácil de replicar que aquellas cosas asociadas al placer sensorial. Cada persona puede encontrar su propia gama de actividades en las que sentir esta felicidad subjetiva. Se trata de actividades en las que hay una clara identificación de una meta, a la que consideramos un reto en sí misma, y para la que sentimos que nuestras capacidades están ajustadas a dicho reto. Dadas estas condiciones, podemos encontrar 3 posibles resultados:

  •  Cuando el reto es muy grande y consideramos que nuestras habilidades y capacidades no están a la altura, sentimos ansiedad y no afrontamos adecuadamente la tarea.
  • Cuando el nivel de habilidades es muy superior al reto percibido, entonces nos aburrimos y la tarea resulta poco motivante.
  • Cuando el reto y las habilidades que poseemos están ajustadas, entonces se produce lo que conocemos como “experiencia óptima” o “flow“.

Cuando nos involucramos en actividades en las que ponemos en marcha nuestras Fortalezas Personales, tenemos acceso, siempre que lo deseemos, a la Experiencia Óptima, al Flow. Esta experiencia es algo que todos los seres humanos hemos sentido, más o menos frecuentemente; se trata de actividades en las que parece que el tiempo pasa más rápidamente, en la que no somos conscientes de si sentimos o no emociones, en las que estamos profundamente inmersos… Solo al final de esas actividades, al recordarlas, somos conscientes del bienestar que nos han procurado, de la sensación subjetiva de felicidad que nos ha reportado.

Lo mejor de todo es que cada uno de nosotros, a través del cultivo de sus Fortalezas Personales puede experimentar esta sensación en las diferentes esferas vitales: en las relaciones personales, en el trabajo, en el ocio, etc.

Contrariamente a lo que ocurre con el placer, cuya duración es breve, las actividades que nos gratifican, de las que obtenemos experiencias óptimas o flow, son más duraderas, replicables y profundas, requieren esfuerzo sostenido y tienen una relación directa con el propio individuo. Si bien el placer lo experimentamos a través de los sentidos, pero veíamos que mayoritariamente lo producen agentes externos, las gratificaciones tienen un origen interior, que son las Fortalezas Personales que cada uno de nosotros posee, y que pueden ponerse en marcha a través de un número casi ilimitado de acciones.

De este modo, el concepto “felicidad”, y otros que asociamos, como “bienestar subjetivo”, dependen no únicamente del placer sensorial, sino que también podemos estimularlo a través del cultivo de las fortalezas, que originarán un mayor locus de control interno a través del cual construir una particular ruta, personal y única, hacia la felicidad.

Tony Corredera.

Director de Crecimiento Positivo.

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