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Lo Mejor para el Príncipe
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No hace mucho tiempo, en un país oriental, pequeño pero muy rico, sus jóvenes Reyes tuvieron su primer hijo.

La seguridad del heredero pasó a ser una cuestión de Estado prioritaria y, por ello, el Rey y la Reina deberían viajar, a partir de ahora, en aviones distintos. Así que el Rey ordenó a sus ministros que se buscara y seleccionara la mejor tripulación para el avión de su esposa y el Príncipe.

Al cabo de unas semanas, los ministros le comunicaron que ya tenían una propuesta al respecto:

  • Majestad -habló el Ministro de Transportes- hemos localizado a la mejor tripulación del mundo. Todos sus componentes se han formado en las mejores escuelas de aeronáutica e ingeniería; tienen una experiencia contrastada y, sobretodo, ninguno de ellos ha tenido un solo accidente o situación comprometida en sus muchas horas de vuelo o de servicio.

El Ministro de Hacienda añadió:

  • Lógicamente, en la actualidad, son los mejor pagados ya que todas las compañías aéreas se los disputan. Tendremos que pagarles una fortuna para que quieran venir a trabajar para el Príncipe, pero podemos permitírnoslo.

El Rey quedó pensativo unos segundos y, finalmente, preguntó:

  • ¿Y qué más opciones tenemos?

Sus ministros se miraron entre sí con cara de no entender la pregunta. Al final uno de ellos se atrevió a susurrar:

  • Majestad… no hay una opción mejor que ésta.

El Rey replicó:

  • ¡Todas las compañías han sido informadas que buscamos una tripulación! Y… ¿nadie se ha ofrecido?

Los ministros sonrieron:

  • ¡Sí, claro! ¡Cientos de pilotos y de mecánicos de vuelo quieren el puesto…! Pero ninguno puede igualar a los miembros de la tripulación que le proponemos. Cada uno de ellos es el número 1 en su puesto. ¡Si usted supiera la de propuestas disparatadas que hemos tenido! ¡Es para mondarse de risa!

Al oír esto último el Rey les miró intrigado y añadió:

  • ¿Por ejemplo?

El Ministro de Educación, sonriendo todavía, se atrevió a decir:

  • Tuvimos el ofrecimiento de un grupo de cinco aviadores y mecánicos que se conocieron en una terapia de grupo. ¡Imagínese, Majestad! Lo asombroso es que todos estaban en terapia para superar las secuelas de alguna experiencia traumática en su carrera profesional. Accidentes fatales de los cuales han sobrevivido de milagro; situaciones peligrosas debidas a algún error cometido por ellos o por otros… Todos han sido retirados del serviciopor sus compañías hasta que estén en condiciones de volver a volar… ¡Y se les ocurre optar a ser la tripulación de un príncipe heredero! ¿Qué más prueba necesitamos de sus trastornos?

El Rey escuchó atentamente y preguntó:

  • ¿Cuánto piden?

Sus ministros no daban crédito:

  • ¿Qué más da? -dijo uno de ellos.

Pero el Rey seguía esperando la respuesta.

 Al final el Ministro de Hacienda, tras rebuscar nerviosamente en un montón de papeles, contestó:

  • ¡Ah! ¡Aquí está! A ver… Debe ser un error… No piden más que alojamiento, comida y algo de dinero para sus gastos cotidianos… Dicen querer el puesto para poder tener de nuevo la experiencia de volar y sentirse útiles.

El Rey simplemente murmuró:

  • Está bien -y dando media vuelta se dirigió hacia la puerta.

Mientras caminaba añadió:

  • ¡Contraten a la tripulación!…

Los ministros sonrieron mientras comenzaban a cerrar sus carpetas y carteras.

  • ¡A los de la terapia! -añadió el Rey.

El silencio se podía cortar en la sala. El Rey, al llegar a la puerta, se volvió para ver la cara de desconcierto de sus ministros. Tras unos instantes añadió:

  • Quiero para mi hijo y la Reina a los que han pasado por momentos difíciles. No quiero a un grupo de pilotos convencidos de su superioridad y de que se merecen ser mi tripulación. Les aseguro que los de la terapia, cada vez que haya que volar, recordarán las experiencias pasadas y revisarán hasta el último detalle… una, dos… y hasta cinco veces, si hace falta. Ustedes si quieren contraten a los excelentes para sus aviones, pero el Príncipe volará con éstos.

Y cuando los ministros comenzaban a entender, el Rey añadió:

  • Y por cierto… páguenles lo mismo que les iban a ofrecer a los “números 1″.

Javier Romeu