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Don´t Worry, Be Happy :-)
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Cada cierto tiempo, las personas que trabajamos desde el ámbito de la Psicología Positiva recibimos críticas acerca del perfil desde el que enfocamos nuestra profesión, algunas necesarias, otras totalmente irracionales. Más allá del debate sobre la conveniencia y las formas, quiero compartir una reflexión acerca de mi experiencia profesional.

o-FELICIDAD-facebookEl mensaje con el que titulamos este post, “Don´t Worry, Be Happy“, es el título de una canción del compositor de jazz Bobby McFerrin; este título lanza un mensaje que los críticos, a los que hacíamos referencia anteriormente, utilizan para fundamentar sus “argumentos” contra los estudiosos del funcionamiento óptimo, el bienestar, la felicidad y el impacto de las emociones positivas en la calidad de vida de las personas. Estos críticos fácilmente identificarían el mensaje de la canción “no te preocupes, sé feliz” con el ideario que la Psicología Positiva defiende, como si los que trabajamos desde este ámbito aspirásemos a convencer a los demás de que la felicidad se alcanza a través de fráses cómodas que hay que repetir a diario.

Lo paradójico de esta situación es que muchas investigaciones, desde hace décadas, han señalado que la preocupación es un estilo de afrontamiento disfuncional que puede acabar configurando trastornos muy graves. Es cierto que la preocupación no es una patología, ya que de un modo u otro es algo que todos experimentamos, pero al contrario de lo que los críticos de la Psicología Positiva afirman, lo que recomendaríamos para la gestión de una preocupación difuncional no es el latiguillo “no te preocupes“. El psicólogo Thomas Borkovec, especialista en el Trastorno de Ansiedad Generalizada, formuló la teoría de la preocupación como evitación cognitiva, que viene a decir que algunas personas utilizan la preocupación para afrontar la respuesta de ansiedad fisiológica que sienten en algunas situaciones, por lo que logran disminuirla temporalmente. A medio plazo, la preocupación no produce cambios efectivos en la respuesta de afrontamiento (porque no afrontan ni la ansiedad fisiológica ni actúan en la situación que la provoca), de manera que la ansiedad reaparece; dicho de otro modo, la preocupación solo sirve para mantener el problema de ansiedad. De estos estudios, llevados a cabo desde los años 90 del siglo pasado, podemos concluir que la preocupación no es precisamente un estilo de afrontamiento constructivo y resolutivo.

Da la impresión de que estos críticos ensalcen las virtudes de la preocupación, el pesimismo (o realismo, como ellos lo llaman) o las respuestas defensivas basadas en las emociones universales ligadas a la supervivencia (miedo, tristeza, asco). La Psicología Positiva centra su objeto de estudio en los aspectos positivos de las personas, en las emociones positivas, en las fortalezas personales, en el bienestar y la felicidad, pero no niega la existencia y utilidad ni de las emociones negativas, ni del razonamiento lógico.

rechazo mala impresionUno de los principales problemas que observo no se deriva de la actividad de los críticos, sino de la actividad de quienes trabajamos desde este ámbito, tanto si somos académicos como si somos practicantes (en cualquiera de los ámbitos de aplicación); dicho problema se deriva de los mensajes que divulgamos, y que no divulgamos, en diferentes medios: blogs, revistas especializadas, redes sociales… Parte de nuestro trabajo consiste en explicar bien nuestros hallazgos y en eso, desde mi experiencia, no estamos siendo tan eficaces como sería deseable.

Pretendemos ofrecer una visión tan sencilla de la “realidad” que se producen con facilidad reduccionismos acientíficos. En principio, todos podemos reconocer (incluso sin ser científicos) que la positividad es “buena” y la negatividad “mala”; sin embargo, el mundo, la realidad, no es necesariamente dicotómica, ni tampoco permanente. ¿Se puede ser siempre “positivo”? ¿Hay que huir siempre de lo negativo? Leo y escucho decir que una de las mejores formas de “estar bien” es alejarse de las personas negativas. ¿Qué es una persona negativa? ¿Lo es porque se queja o porque se preocupa?  No está claro lo que significa pero en mi experiencia profesional sí he podido observar algunas consecuencias: temor a “ser demasiado negativo”, a no encajar por si no se es suficientemente positivo o entusiasta.

En la consulta frecuentemente me encuentro con personas que desean aprender a gestionar problemas relacionados con la ansiedad; es cierto que no siempre ocurre que la consulta se relacione con una patología grave desde un punto de vista clínico, sino que se trata de personas cuyos recursos para gestionar su respuesta de ansiedad se han visto sobrepasados. El posicionamiento terapéutico desde la perspectiva de la Psicología Positiva supone focalizar desde el principio en los recursos disponibles, en el desarrollo de nuevas habilidades y en la potenciación de las fortalezas personales.

No por ello menoscabo la utilidad y funcionalidad que las emociones negativas pueden tener ante determinadas situaciones; como profesional de la psicología, como científico, me interesa averiguar el modo en que las personas aprendan a alcanzar un equilibrio que tienda al bienestar, dentro de las posibilidades de la situación, los recursos de los que dispone y la construcción de nuevas herramientas y habilidades. Decirle “sé positivo”, “aléjate de las personas negativas”, “no te preocupes” u otros eslóganes que algunos gurús repiten sin cesar es como no decir nada. De hecho, es una invitación por mi parte a que se sienta incomprendido, incapaz de ser “normal” o de ser “feliz”. De forma enmascarada, al comunicar esos mantras, le estoy haciendo ver que si no es feliz es porque no quiere.

ideacreativaAyudar a las personas a descubrir sus potencialidades, a reconocer sus tendencias de pensamiento, emoción y acción, generadoras de problemas, y poner en marcha recursos nuevos que disminuyan su malestar e incrementen su bienestar, son algunos objetivos “centrales” de parte de mi trabajo. En este sentido, un descubrimiento interesante derivado del trabajo que he realizado en los últimos 3 años me indica que dentro de la atención a personas que consultan por problemas de ansiedad, se producen con más facilidad resultados positivos, en forma de objetivos terapéuticos alcanzados, cuando se trabaja potenciando las Fortalezas Personales que les llevan al afrontamiento a través de la acción.

Cuando se ponen en marcha las Fortalezas a través de acciones, se generan emociones positivas y vivencias de empoderamiento: las personas que he atendido utilizando las fortalezas como recurso complementario informan de un incremento de la percepción de capacidad de afrontamiento de las situaciones ansiógenas, al tiempo que manifiestan una reducción significativa de las preocupaciones (en términos de frecuencia, duración e intensidad de las mismas). De nuevo paradójicamente, se sienten “más felices y menos preocupadas“.

Como especialistas en este campo, hemos de asumir la responsabilidad de una divulgación de conocimientos y hallazgos responsable, que garantice la explicación de los descubrimientos de forma comprensible para la mayoría de las personas. No se trata de simplificar, sino de explicar mejor.

En lugar de decir que “no te preocupes”, o afirmar que si tienes ansiedad es mejor “centrarte en lo positivo”, puede resultar más responsable por nuestra parte comentar que la preocupación es una estrategia para afrontar la ansiedad que no resuelve el problema, puesto que nos lleva a evitar aquello que nos genera ansiedad (y por tanto la mantiene). Para afrontar con éxito los problemas relacionados con la ansiedad, la mayoría de las veces tendremos que exponernos a lo que nos da miedo y nos genera ansiedad, de manera que a través de esas acciones de afrontamiento, tanto nuestra percepción de miedo como nuestra respuesta fisiológica de ansiedad disminuirán. Lo que he descubierto aplicando las Fortalezas Personales en este tipo de consultas es que se generan aprendizajes, habilidades y emociones positivas que aceleran la recuperación y facilitan el afrontamiento, además de que las personas informan sentirse más felices y preparados para utilizar sus recursos de forma más óptima. Puede que, finalmente, el mensaje “don´t worry, be happy” no sea tan desacertado, aunque conviene, creo yo, explicarlo mejor.

Tony Corredera Larios.

Director de Crecimiento Positivo.

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