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Crisis, Desesperanza y Relaciones Positivas

La crisis en la que estamos inmersos en nuestra sociedad nos afecta de múltiples maneras, generando comportamientos paradójicos que desafían no solo la lógica sino también lo que la ciencia indica que puede aliviarnos e incluso facilitarnos el afrontamiento de la adversidad. Todo el mundo habla a diario de la crisis, de la de todos y de forma particular de la de cada uno; hablamos de los efectos que produce en nuestra calidad de vida, hablamos de las pérdidas que tenemos que asumir, hablamos… Y hablamos de estas cosas con quienes nos rodean, nuestras relaciones íntimas, familiares, de amistad e incluso con desconocidos. Esto responde a nuestra necesidad de compartir y aliviar nuestros miedos y hacer de la carga emocional algo menos pesado.

Sin embargo, como consecuencia del paso del tiempo, de la prolongación indeseada de la crisis, esta estrategia de afrontamiento no solo no está siendo eficaz sino que está incrementando los niveles de desesperanza de muchos de nosotros, no únicamente por nuestra propia situación, sino también por la impotencia a la hora de ayudar, como mínimo, a quienes forman parte de nuestras relaciones de intimidad. Esta situación, está provocando una de las paradojas cuyas consecuencias están provocando más problemas aún. Cada vez está más generalizada la tendencia a cerrarse, a buscar el “alivio” de la soledad, a evitar un contacto social que creemos que provoca en nosotros más sufrimiento e impotencia.

 ¿Sabéis qué es la Indefensión Aprendida? Se trata de un principio que descubrió Martin Seligman hace más de 40 años, mientras investigaba con perros. Descubrió que algunos de ellos, cuando se les daba un electroshock, intentaban predecir cuándo sería el siguiente, saltando, ladrando o moviéndose en la jaula; si los electroshoks eran aleatorios, pasado un tiempo se tumbaban y se rendían, no intentaban escapar de esas descargas. Es como si hubieran llegado a la conclusión de que hicieran lo que hicieran, no podían hacer nada para cambiar su “destino”. En este enlace podéis encontrar un ejemplo de cómo generar indefensión aprendida de forma incidental. ¿Reconocéis esta situación, la habéis experimentado o conocéis a alguien que esté pasando por algo similar?

Puede que estemos en un momento de la historia reciente en el que hay más indefensión aprendida que nunca, un momento en el que parece que tratan de inocularnos un virus de bloqueo, inmovilidad y conformismo… además de aislamiento. Este aislamiento, ya sea por evitar el dolor del sufrimiento de quien nos importa, por evitar la impotencia de no saber o no poder ayudarle, o por ser víctima del resultado de cualquiera de estas evitaciones, está exponiéndonos a mayor indefensión, desesperanza y aislamiento. Uno de los pilares de nuestro Bienestar son las Relaciones Positivas, así que resulta paradójico que abandonemos voluntariamente una de las fuentes principales de nuestra felicidad y bienestar.

Nuestras relaciones son una fuente de bienestar no únicamente porque estén vinculadas a la posibilidad de explorar y compartir nuestras emociones positivas, sino también porque son un lugar donde podemos recibir apoyo, comprensión y una escucha que faciliten el afrontamiento de la adversidad. La manera en que programamos nuestras prioridades hoy en día provoca en ocasiones que enfoquemos antes las resposabilidades (profesionales, académicas, familiares) que el cuidado de nuestras relaciones interpersonales positivas.

No se trata de invertir esos valores necesariamente si no lo deseamos, sino de buscar un equilibrio en el que concedamos el espacio necesario a las relaciones interpersonales.

Para ello hemos de comprender el compromiso que toda relación interpersonal positiva supone: un equilibrio entre dar y recibir, entre pedir y ofrecer, entre compartir el dolor y la alegría. Este compromiso nos confronta a veces con una cuota de sufrimiento que no nos gusta observar ni sentir, pero al mismo tiempo nos ofrece la oportunidad de obtener el consuelo que necesitamos en otras ocasiones. Si el abrazo de un amigo, de una hermana, de nuestra pareja, resulta reconfortante y alivia en parte nuestra tristeza, nuestro miedo, nuestra desesperanza, ¿no resulta que estamos decidiendo, sin querer, empeorar la situación? ¿No os parece que “esperar a quedar con mis amigos cuando me sienta mejor” supone un incremento de la soledad y desesperanza?

Combatir las creencias disfuncionales que me llevan a elegir la soledad y el aislamiento supone una de las primeras acciones a poner en marcha; creencias tales como “para qué voy a quedar si no tengo nada bueno que aportar“, “será mejor que no llame a mi amiga, seguro que está bien y no quiero molestarla“, etc., son el inicio del camino del aislamiento y hemos de estar atentos a ellas para evitar en lo posible su efecto pernicioso, sustituyéndolas por creencias más realistas basadas en la necesidad de los seres humanos de conectar y encontrarse. De este modo, el para qué aparece lleno de sentido: para conectar, para compartir, para sentirme bien, para aliviar mi dolor, para dar una sorpresa positiva, para sumar

En la actual situación social que tenemos ante nosotros, son necesarias algunas premisas, pautas y recomendaciones a seguir, que nos pueden facilitar no solo el afrontamiento de la adversidad sino sobretodo la posibilidad de sentir, compartir y potenciar emociones positivas:

  • proactivo en la búsqueda de las relaciones interpersonales positivas: llama por teléfono, haz propuestas para ver a quien te apetece, escribe correos electrónicos.
  • Las relaciones se basan en un equilibrio entre dar y recibir cuya premisa inicial es: “si quieres recibir, primero da“.
  • Nadie puede adivinar los deseos ni los pensamientos; si quieres y necesitas algo, pídelo.
  • Ocúpate de cuidar las relaciones interpersonales que deseas conservar, y deja de preocuparte tanto por quien no está.
  • Expresa tu vivencia, comparte tu dolor y permite al otro que haga lo mismo.
  • Escucha activamente, presta atención, abraza, mantén el contacto físico, expresa sentimientos y emociones positivas.

No siempre podemos cambiar las situaciones que nos toca vivir a la velocidad que nos gustaría que sucedieran las cosas; sin embargo, aislarse o aceptar el aislamiento solo consigue empeorar la vivencia de la adversidad. Buscar en nuestras relaciones interpersonales positivas no solo el alivio de compartir nuestro malestar, sino también un espacio donde construir situaciones que faciliten el cultivo de emociones positivas compartidas, será el modo más eficaz de afrontar con éxito la adversidad y salir fortalecidos de “nuestra” crisis.

Tony Corredera.

Director de Crecimiento Positivo.

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