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Construyendo un mundo mejor: personas positivas (I)
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zen1
11 junio 2014 - 10:04, por , en Felicidad, Psicología Positiva, sin comentarios

Todos nos hemos encontrado alguna vez, y seguro que muchos forman parte activa de nuestras vidas, con personas con cuya interacción te llena de emociones positivas, de optimismo y de vitalidad.  Estoy convencido de que algunos de vosotros, lectores, habéis empezado a pensar en esas personas que conocéis y que os aportan todas estas maravillosas experiencias.

Hace unos días, leyendo un post recomendado por uno de mis más recientes amigos, Julián Pelacho, recordé a algunas de las personas que han pasado por mi vida, o que forman parte de ella, y que son un ejemplo de todo lo que intentamos divulgar en Psicología Positiva: sus Fortalezas Personales, el modo en que se enfocan hacia los demás, cómo contribuyen, son un maravilloso ejemplo de cómo seguimos empeñados en construir un mundo mejor. A partir de hoy, quiero hacer un homenaje a estas personas en forma de diferentes post que iremos publicando poco a poco y en los que deseamos contagiar el espíritu de reconocimiento que tanto se merecen.

En el año 2008 recibí el encargo de crear e impartir unos cursos de 25 horas sobre Educación de Emociones en Brunete, dirigidos a mujeres desempleadas. El reto era apasionante en muchos sentidos, en un momento en el que el proyecto Crecimiento Positivo, acababa de comenzar su andadura hacía solo un año.

El primer día, como el camino era largo desde donde vívia, me fui con mucho tiempo y en el lugar donde tenía que coger el autobús que me llevaba hasta Brunete, me quedaba una espera de 45 minutos. Eran apenas las 7:15 de la mañana y decidí ir a tomar un café.

Nada más entrar en la cafetería lo primero que te llamaba la atención era que había una música que te invitaba a bailar, a pesar de las horas; música latina, muy rítmica y divertida. A pesar de no ser el único local abierto a esas horas, era el único que estaba lleno. Todas las mesas ocupadas, toda la barra ocupada, y detrás de ella, alegre y divertida, estaba Carmen. Pedí un café y me ofreció con una sonrisa algo para comer. Enseguida me fijé que entraba otro cliente, que se sentó a mi lado y Carmen le dijo: “¡Pepe! ¡Qué tal tu Atleti esta semana!” mientras le servía inmediatamente un café solo con 2 porras. Al momento, entró otra cliente, a la que también llamó por su nombre y le sirvió el desayuno sin esperar a que pidiera. Terminé mi café y mis tostadas y de nuevo sonriente, Carmen se despidió con su increíble energía y alegría.

El efecto que tuvo en mí esa interacción me duró toda la jornada: estaba contento, me sentía vital y motivado, no solo por el reto que comenzaba, sino también porque había tenido un inicio del día espectacular. Barbara Fredrickson, una de las más importantes Psicólogas Positivas del mundo, afirma que las emociones positivas son el capital psicológico que vamos acumulando para apoyarnos en él en momentos de adversidad. Así contribuye Carmen a construir un mundo mejor: te sirve un desaryuno lleno de emociones positivas para que afrontes el día del mejor modo posible.

Al día siguiente, volví al mismo café, a la misma hora; nada más entrar, la música igual, Carmen cantando alegre, sirviendo desayunos, me preguntó con su habitual sonrisa: “¿quieres un café con leche y tostadas?”. Carmen recordaba, a pesar de que seguramente tuvo muchísimos clientes el día anterior, cuál había sido mi pedido y se anticipaba en su sugerencia. La observé divertido, durante mi desayuno; cómo interactuaba con los clientes, los temas de conversación, cómo reaccionábamos los clientes, y especialmente la alegría con la que todo el mundo se marchaba de allí. Dado que uno de los temas que estaba impartiendo en ese curso de esa semana tenían que ver con la Inteligencia Emocional, le conté a Carmen porqué iba a desayunar allí durante esa semana y que había visto que ella era el perfecto ejemplo de aplicación práctica de contagio emocional positivo que había visto nunca.

Carmen me explicó que aunque la vida te trae muchas veces sorpresas negativas, giros inesperados y diferentes adversidades, ella había aprendido que podía enfrentarse a esas situaciones “amargándose” o “dando lo mejor de sí misma, con música que te invite a bailar y con alegría de vivir“. Puede sonar a cliché, pero Carmen es una persona que facilita con su “alegría de vivir” a que sus clientes se marchen con una sonrisa en la cara e inicien el día de forma diferente, más positiva y alegre.

Desde ese día, durante esa semana, y más adelante en 2009, cuando repetí la experiencia formativa en el mismo lugar, Carmen, cuando me ve entrar en su cafetería me saluda alegremente diciendo: “¡Tony, mi psicólogo!”, con una gran sonrisa y un café con leche con tostadas.

Tony Corredera.

Director de Crecimiento Positivo.

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