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Carta a todos los que quieran ser grandes
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18 septiembre 2007 - 12:49, por , en Cartas del Director de CP, sin comentarios

A veces perdemos el rumbo. La vida nos coge de improviso y nos da un revolcón, como hacen las olas cuando el mar está revuelto, dejándonos en la orilla, desorientados y magullados. ¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo pudo pasarme a mi? Todas las seguridades que creíamos tener en nuestra vida, que dotaban de significado lo que hacíamos, han desaparecido.

¿”Quién soy?”, resuena en el fondo de nuestro cerebro. De repente nos damos cuenta: “no lo sé”. Sí, es verdad, hay muchas cosas que nos gustan, muchas cosas que hemos estado haciendo…, pero, ¿ese soy yo? Igual he estado haciendo cosas que no me gustan durante demasiado tiempo. Asumiendo que era así. Asumiendo que debía ser así…

caminoAhora, al revisarlas, es posible que nos demos cuenta de que hemos estado confundiendo los medios con los fines y eso ha contribuido a perdernos.

¿Qué era lo importante? Es triste que cueste recordarlo, pero es un hecho que ahora mismo no caigo. ¿Qué es lo que quería hacer yo? Igual pensar en la infancia ayuda un poco. Esa época donde sí está permitido soñar, con los ojos abiertos y con los ojos cerrados, todo lo que queremos ser. Lo mejor de esta época no es que todos te permitan soñar, sino que eres tú mismo el que de verdad se da el permiso. Con los años, no he perdido esa capacidad (o tal vez sí, hay que cuestionárselo), pero está claro que ya no me doy permiso para hacerlo… ¿Por qué?

Intento convencerme de que las responsabilidades, la vida adulta, etc., no lo hace compatible, pero ese argumento ya no sirve. Ya no me lo creo. Me parece más acertado hablar de MIEDO. Miedo a no cumplir las propias expectativas, miedo al compromiso no adquirido de perseguir sueños imposibles. ¿Imposibles? Claro, porqué no. Miedo a descubrir que no puedo conseguir aquéllo con lo que sueño. Y como ese pensamiento duele demasiado, decido renunicar no solo al sueño que tenía, sino incluso a soñar.

De pronto descubro que las metas que he ido marcando no las he elegido conscientemente. Sencillamente voy cumpliendo etapas y dejándome llevar por lo que sucede, procurando no preguntarme si es eso lo que realmente quería. ¿Estoy seguro de que esta era la meta? Sí, es cierto, algunas veces sí. Pero luego me asalta otra pregunta, más alarmante: ¿estoy seguro de que era así como quería alcanzar dicha meta? La respuesta es rotundamente NO.

Perder el rumbo se me antoja ahora como demasiado sencillo. Vamos interpretando señales y condicionamientos sociales de forma que estos adquieren una importancia superlativa. Ya está. Volvimos a caer en el mismo error. Está claro que un coche, una casa, un puesto de trabajo, un sueldo…, no nos darán las respuestas. Son los medios a través de los cuales podemos conseguir los fines. Durante demasiado tiempo los hemos confundido.

el-sonador-del-sueno1Es hora de volver a soñar. De recuparar aquel espíritu cándido con el que sentíamos que todo es posible. Y sí, aún habrá que luchar mucho para conseguir determinados medios, pero no nos conformemos y nos engañemos convirtiéndolos en fines. Acepta la responsabilidad de quién eres, descubre lo que realmente quieres, y persíguelo.

No importa el resultado, no importa la meta, porque cuando llegas a comprender, a darte la oportunidad para disfrutar del camino, entonces ocurre algo mágico, descubres nuevamente algo que siempre ha estado dentro de ti, tu capacidad de disfrutar del proceso, y de pronto cada instante del mismo es significativo, es trascendental. Las metas se alcanzan, tarde o temprano, o no. Pero la diferencia la marca, sin duda, la actitud con la que vivo mi proceso, mi camino, mi vida.

Aceptar sin temor la posibilidad de no alcanzar la meta, de no conseguir el objetivo, no es fácil. Pero, ¿qué he aprendido en el camino? ¿Quién se ha cruzado conmigo? ¿Cómo era? ¿He podido conectar? Estas son las preguntas que pueden dar sentido al camino más allá de la propia propuesta. Si no presto atención, no solo puede que pierda el rumbo, sino que, además, no me daré la oportunidad de conocer y conectar con todos aquellos que, paralelamente, se cruzan conmigo y que caminan a mi lado.

¿Quieres ser grande? Acepta quién eres, ama lo que eres, date permiso para soñar y para perseguir tus sueños. Y recorre ese camino con los ojos abiertos, prestando atención a todo lo que sucede, sin exigencias, y, al final de tu camino, con los años, podrás comprobar lo mucho que has conseguido.

Tony Corredera

Director de  Crecimiento Positivo

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